Para poder comenzar, echo un vistazo atrás. Repaso la mañana, la tarde, la noche y parece que no hubo nada de extraordinario. PARECE, solo parece. Así suele ser lo extraordinario, no es rimbombante ni escandaloso, simplemente es... ORDINARIO.
Vivir, es ordinario. Respirar, es ordinario. Abrir los ojos y ver, es ordinario. Poder mantenerme en pie, es ordinario. Abrir mi refrigerador y encontrar comida, es ordinario. Todo esto me parece ordinario porque así lleva sucediendo los últimos 25 años de mi vida. Pero... ¿sucederá siempre?
Por más común que me parezca el vivir, el solo hecho de existir, de poder estar aquí hoy frente a esta computadora agotado por los quehaceres del día; sólo esto, es algo verdaderamente extraordinario. Pude despertarme y contemplar el sol; sentir el suave fresco de la mañana; saborear una rica comida; experimentar el afecto de mi familia. ¿Qué de ordinario hay en todo esto? Nada.
Hoy pude recordar que siempre hay algo de extraordinario en mi caminar por este mundo, y ese algo se llama: vivir.
Esto es lo que aprendí hoy, ahora si YA ME PUEDO IR A DORMIR.
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