lunes, 31 de mayo de 2010

Añejar antes de actuar

Después de la tempestad viene la calma.

Lo mismo se vuelve necesario cuando uno recibe todo un aguacero de información. Es necesario detenerse un momento para digerir los datos, analizarlos, memorizar los que se consideran necesarios para luego darles ese toque personal. De lo contrario tanto bien, tantos datos, tanta información queda abandonada entre neuronas, venas, arterias y conexiones cerebrales. Dejando todo sin ni una consecuencia.

Esto no solo es necesario con la información. Lo es más y sobre todo con los dones de tipo espiritual. Hay días en los que Dios brilla por su ausencia. Y otros días en que nos deslumbra su abrumadora luz. En ambos Dios está siempre presente, pero algunas veces de manera diferente.

Lo importante no es tanto la forma de estar de Dios, sino mi forma de estar ante Dios, mi actitud. Puedo dejar pasar todas esas gracias como pasa el viento por entre las ramas, sin dejar ningún fruto. Pero también puedo recibir cada don, dejarlo reposar, reflexionar, meditar para más adelante ACTUAR.

Hoy he recibido mucho, sobre todo en estas últimas horas. He decidido almacenar todo esto en barricas, bajarlas al sótano del corazón, dejarlas reposar y en un par de días sacar el vino nuevo y dárselo a probar.

Esperar, reflexionar, asimilar... para luego actuar. Esto es lo que he aprendido hoy... ahora si YA ME PUEDO IR A DORMIR.

Espesa marea "juvenil"

Hace ya 18 días que no escribo en este Blog. Esto no quiere decir que no haya podido dormir, ni mucho menos que no haya aprendido algo. Todo lo contrario: mis sueños han sido más largos, pues no me he desvelado escribiendo; y lo que he aprendido ha sido tanto que no me he dado el tiempo para resumirlo en unas breves líneas.

Creo que más bien me dejé llevar por esa espesa marea "juvenil" que ahoga hoy a muchos de mis contemporáneos. No es una marea roja que inevitablemente se hace notar, ni mucho menos un tempestuoso y ruidoso tsunami. Es la tenue y silenciosa marea de la mediocridad, la indiferencia y la monotonía.

Hace apenas un mes inicié el Blog lleno de ilusión. Quería compartir mis ideas, dar a conocer mis pensamientos sobre este y otro tema; aportar esa gotita de bien en medio del inmenso océano de males. Cada noche me sentaba frente a mi computadora deseoso de compartir las reflexiones del día: las leía y releía; las retocaba; las cambiaba; borraba y volvía a escribir. Poco a poco esa ilusión la fui dejando morir y me fui empapando más y más de esa terrible marea de nuestro siglo.

Pero éste fin de semana tuve la oportunidad de recordar el motivo inspirador de este Blog. Ese medio completamente ajeno a mi, que me llevó a poner en práctica lo que desde hace tanto tiempo había pensado y no me había dado la oportunidad de hacer. Se trata de una película: Julie & Julia. No me inspiró el hecho de cocinar, aunque me encanta; ni mucho menos escribir un libro de cocina. Me inspiró el verdadero deseo de aprender cada día algo nuevo: de mis acciones, de las personas, de mis errores, de los diferentes acontecimientos, de todo lo que día a día Dios me permitía vivir. Me inspiró la ilusión de poder aportar algo nuevo y diferente a este mundo cansado y agobiado por el mal y tanta pasividad. Me inspiro, también, el hecho de poder cada día marcar la diferencia consciente de que ninguna de mis palabras, gestos o acciones es INDIFERENTE. Todo ayuda o desayuda; mejora o empeora; engrandece o empequeñece.

Una película sirvió para comenzar esta aventura. Quizá nunca lo sepa el director, ni el productor, ni siquiera alguno de los actores. Pero en mi marcó una diferencia; empujó un proyecto por meses atorado; me hizo ser mejor. En este sentido la lección es clara: el mundo entero está en mis manos. De mi depende hacerlo mejor; de ti depende hacerlo mejor; depende de todos. ¿Qué vas a hacer hoy?

18 días me llevó aprender esta lección. Ahora si en paz... YA ME PUEDO IR A DORMIR.

¿Vivo o Funciono?

Hoy todos viven obsesionados por el tiempo. Vemos relojes por todos lados: los tradicionales en cada muñeca, en el coche, en los teléfonos celulares, en las computadoras, en las neveras, en los espectaculares... casi cada rincón de la ciudad nos recuerda que el tiempo pasa y que TENEMOS que aprovecharlo al máximo.

Esta obsesión por el tiempo muchas veces hace que nos olvidemos de lo esencial. Y ahí vamos caminando por el mundo cual máquinas, cumpliendo funciones: terminar un informe, hacer un ensayo, sacar tantas copias, acomodar tantos anaqueles, cumplir determinados pendientes. Por todos lados nos persiguen los objetivos que TENEMOS que cumplir antes de que las manecillas del reloj nos pillen.

Algunas veces estamos más pendientes del pasar de las manecillas que del pasar de las personas a nuestro alrededor. Nos preocupan más las metas que el bienestar de los que nos rodean. Nos asombra más contemplar cómo se van agotando los días del calendario que los hermosos atardeceres con los que cada uno de esos días concluye. Para qué perder el tiempo observando, TENEMOS muchas cosas que hacer.

Hacer, hacer, hacer, y más hacer y seguir haciendo. Parece que toda la vida sirviera para hacer y no precisamente para vivir. Malditos relojes que nos persiguen. Maldito el tiempo que no nos deja en paz. Maldito sea el quehacer, el TENER que...

Como siempre terminamos echándole la culpa al otro, en este caso al tiempo. Pero... ¿Es realmente el reloj el culpable o acaso sus manecillas?

Tú eres el que corre, el que se acelera, el que se estresa, el que deja de disfrutar, el que se pierde las maravillas que cada día trae consigo, el que no se detiene ni un segundo a disfrutar... por que TIENES que aprovechar el tiempo.

Hoy aprendí que el tiempo se hizo para mi, para disfrutarlo, para sentirlo, para VIVIRLO y no simplemente para funcionar, menudo descubrimiento: NO soy máquina, SOY PERSONA.

Ahora si... no me desconecto... sino que como persona, YA ME PUEDO IR A DORMIR.

domingo, 30 de mayo de 2010

Una clase diferente

El miércoles pasado tuve una experiencia diferente y que núnca había vivido. Doy gracias a Dios por haberme dado esta oportunidad y por haberme permitido aprovecharla.

Tuvimos nuestra tradicional clase del miércoles a las 7 de la mañana, en esta ocasión con la peculariedad de ser semana de exámenes. Llegué al salón de clase, saludé al profesor, instalé mi lab y me dispuse a tomar la clase. Habían pasado unos minutos y ahí estaba el profesor en su escritorio y yo. En un momento llegarán los compañeros, pensamos, continuó la clase. Media hora ya había transcurrido y ninguna otra silla se estaba ya calentando. El tema de la clase se desvió por completo y tuve la oportunida de vivir en carne propia una experiencia del tipo de la película del Estudiante: pude tener la dicha de enriquecerme de la experiencia y conocimientos acumulados en una cabeza que peina ya plata.

Los temas versaron casi sobre lo mismo: nuestra sociedad, que como siempre nos preocupa. Casos por aquí, casos por ahí… la conclusión era siempre la misma: el problema es la ingente individualidad en la que vive la gente “moderna”. Una individualidad en donde el que vale soy yo, luego yo, luego yo y ya al final, de nuevo yo.

No habían pasado ni un par de horas y el ejemplo se escribía delante de mis ojos: me puse a leer en las mesitas que se encuentran en el pasillo central. Estuve en una mesa “solo” cerca de hora y media. Pasó un primer jóven y sin ton ni son se sentó en la misma mesa: ni una palabra, está un rato, manda un mensaje por celular y se levanta. Yo solo observo. Llega un par de amigas y se sienta en la misma mesa: ni una palabra, se acuestan en las bancas, leen sus mensajes de texto, chismean un rato y se levantan. Yo solo observo. Otro jóven se sienta en la misma mesa: ni una palabra, audífonos y cigarro en mano, contempla el horizonte a través de sus ojos cansados, medio piensa un rato y se levanta. Yo solo observo. Fácil como 10 personas se acercaron a esa mesa, mi mesa, ni una palabra, cada quién en su mundo, en sus cosas, en su Yo. De nuevo vino a mi mente la reflexión matutina de ese mismo día: individualismo. De ahí, justo de ahí… se desprenden los matrimonios rotos a los dos meses, la falta de tolerancia, las guerras, las divisiones, etc…

De nuevo se hace presente el compromiso, en esta ocación de boca de la “Sirenita”: Si quieres enseñar a amar, hay que enseñar a darse”. Este es el paso que hay que dar, el primero para iniciar el camino y sin el cual ningun camino puede llegar a buen término.

Ése día en mi horario tenía programadas 3 clases, pero asistí a 4. La extra es la mejor de todas las clases: la que se da en la vida misma, la vida ordinaria, la vida que igual camina por los pasillos de nuestra universidad.

Un nuevo amanecer


En medio de la gran desorientación que pasea hoy en nuestro mundo; en medio de la confusión que parece imperar en la mente de tantas personas especialmente jóvenes; en medio de la gran desesperanza que muchas veces se respira; en medio de la gran oscuridad en la que parece ahogarse nuestro mundo; a lo lejos, más allá del horizonte, donde el cielo y la tierra se acarician surge un tenue y constante resplandor; no se trata de un nuevo orden, sino el mismo orden pensado desde antiguo; no son ideas nuevas, sino las mismas que siempre han estado latentes en el corazón humano; no son teorías nuevas, sino las úncias que verdaderamente rigen al ser humano; como es común en Dios, no se trata de algo rimbombante: es el fuego abrazador del único y verdadero amor, SU AMOR.

Cero que esta es la Teología del Cuerpo. Asi la veo venir, asi voy sintiendo lentamente su presencia. Como el amanecer en donde poco a poco va subiendo el sol y sin darnos cuenta termina iluminando todo el firmamento y calentando toda la faz de la tierra. No podía surgir en otra época, ni en otras circunstancias, sino como parte de este nuevo caminar de la historia, sino como parte de la nueva EVANGELIZACIÓN.

Redmiensionar el cuerpo, el amor, la persona, la sexualidad, la donación y todas esas características que nos hacen humanos y que nos hacen vivir la gradeza de nuestra humanidad. Esto viene a aportar en el marco de la Nueva Evangelización, redescubrir la gradeza del hombre, como corona misma de la creación. No un hombre técnico, no un hombre sabio, no un hombre erudito, sino ese hombre que AMA.

Me llama todavía más la atención el caudal que el autor de la antigua y nueva creación ha querido elegir para dejar correr todo este rio de gracia y de verdad: los laicos. Núnca como ahora han jugado un papel tan crucial tanto en el mundo como en la Iglesia. Y en esta época suprema de su vocación reciben el nuevo mandato misionero. No serán nuevas teorías las armas, ni erudiciones, ni fórmulas raras y complicadas sino el hombre mismo, sus facultades bien integradas, su capacidad de amar bien orientada, su vocación de servicio y donación al otro, en definitiva, una verdadera visión y entendimiento de si mismo.

Hoy el llamado del Papa Juan Pablo II en la Familiaris Consortio se extiende, se hace más amplia y abarca justo aquello que más necesitamos como personas: Familia sé lo que eres, Matrimonio sé lo que eres, PERSONA sé lo que ERES. Ésta es nuestra misión!

Leyenda


La película “Soy Leyenda” trae a consideración muchos aspectos muy interesantes sobre el mundo en el que vivimos hoy. Algunos de estos aspectos resultan evidentes a nuestra vista y otros tantos se encuentran ocultos en el suceder de las imágenes. Yo me quisiera detener en un aspecto que presenta la película el cual sin darnos cuenta poco a poco nos fue envolviendo y que de alguna forma estuvo presente en nuestros comentarios.

Desde que se explicó la forma en la que se iba a llevar a cabo la tarea nos organizamos de la siguiente manera: por un lado los que iban a observar a los hombres (las personas) y por otro lado quienes iban a observar a los “zombies”. Sobre las personas, no hay ni un solo problema; pero sobre los “zombies”?

Con esta denominación, creo que pasó algo semejante a lo que sucede con mucha frecuencia en nuestra sociedad. Vemos a personas diferentes a nosotros, por su forma de vida, creencias, costumbres; que incluso han pasado por circunstancias diferentes a las nuestras, algunas más afortunadas que otras, y en seguida nos damos la libertad de etiquetar. Muchas veces nos olvidamos de que independientemente de la sitación actual, pasada o futura; interna o externa una persona es siempre persona.

En el caso de la película, nos encontramos con seres humanos infectados por un extraño virus nacido de la soberbia misma del hombre. Este virus actuó violentamente en las personas dejándolas reducidas, casi sometidas, a sus más bajos instintos. Las facultades específicamente humanas fueron las más afectadas quedando casi imperceptibles. Pero no solo lo interno se sufrió alteraciones sino incluso su estado físico quedó verdaderamente desagradable. No obstante, eran personas.

Estos mismos efectos podemos verlos ocacionados muchas veces por la droga, el alcohol, el cigarro, la adicción desenfrenada al sexo… y podemos encontrar en esas personas viciosas con una mente nublada y una voluntad completamente desfigurada. Incluso su físico puede llegar a quedar desfigurado y deforme, pero no obstante son persona.

Si algo he aprendido al estudiar y leer sobre teología del cuerpo ha sido justamente ese reconocimiento de cada individuo como persona. No solo como unión de cuerpo y alma sino como ese ser completamente amado por Dios. Algunas veces es más dificil que otras pero asi es el misterio del gran amor de Dios. Esto he aprendido y esto quiero aprender en este curso: a AMAR.