Esta obsesión por el tiempo muchas veces hace que nos olvidemos de lo esencial. Y ahí vamos caminando por el mundo cual máquinas, cumpliendo funciones: terminar un informe, hacer un ensayo, sacar tantas copias, acomodar tantos anaqueles, cumplir determinados pendientes. Por todos lados nos persiguen los objetivos que TENEMOS que cumplir antes de que las manecillas del reloj nos pillen.
Algunas veces estamos más pendientes del pasar de las manecillas que del pasar de las personas a nuestro alrededor. Nos preocupan más las metas que el bienestar de los que nos rodean. Nos asombra más contemplar cómo se van agotando los días del calendario que los hermosos atardeceres con los que cada uno de esos días concluye. Para qué perder el tiempo observando, TENEMOS muchas cosas que hacer.
Hacer, hacer, hacer, y más hacer y seguir haciendo. Parece que toda la vida sirviera para hacer y no precisamente para vivir. Malditos relojes que nos persiguen. Maldito el tiempo que no nos deja en paz. Maldito sea el quehacer, el TENER que...
Como siempre terminamos echándole la culpa al otro, en este caso al tiempo. Pero... ¿Es realmente el reloj el culpable o acaso sus manecillas?
Tú eres el que corre, el que se acelera, el que se estresa, el que deja de disfrutar, el que se pierde las maravillas que cada día trae consigo, el que no se detiene ni un segundo a disfrutar... por que TIENES que aprovechar el tiempo.
Hoy aprendí que el tiempo se hizo para mi, para disfrutarlo, para sentirlo, para VIVIRLO y no simplemente para funcionar, menudo descubrimiento: NO soy máquina, SOY PERSONA.
Ahora si... no me desconecto... sino que como persona, YA ME PUEDO IR A DORMIR.
Es verdad tantas cosas tan interesantes que ver en el mundo y no nos detenemos a observarlas por seguir una vida sistematizada. Perdimos la capacidad de asombrarnos por cosas comunes como un bello atardecer o una sonrisa de un bebé. Y las pequeñas cosas hacen grande la vida.
ResponderEliminarMe maravilla leer estas líneas, porque no son sólo palabras, sino es el pensamiento de un gran corazón que lo mueve. Estoy segura que tú mejor que nadie sabe del tiempo y su trascendencia, así como de la persona y la eternidad. ¡Muchas gracias Jedu!
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