martes, 16 de febrero de 2010

Mi encuentro de hoy

Todos estamos en este mundo para algo. No todos sabemos exactamente para qué, pero estamos, eso en si mismo implica que hay un algo o alguien por el cual estar. Lo mismo sucede con las cosas: una columna está en una casa para sostener un piso superior; una bombilla está en un techo para iluminar un lugar oscuro; una llave está en un lavabo para controlar el paso del agua; una ventana está en una habitación para dejar pasar la luz... todo, absolutamente todo tiene un "para qué".

La diferencia entre los objetos que he mencionado y nosotros; es que el "para qué" de todas las cosas puede ser reducida a uno solo: DECORACIÓN, un simple accesorio; el nuestro NO. Siempre es importante, concreto y trascendente.

La columna puede estar ahí o en cualquier lugar solo por decoración. Lo mismo un foco, una llave o una puerta. Una persona NO. Está ahí o aquí por una razón concreta. Nada de lo que ocurre a nuestro alrededor simplemente sucede por que así sucedió. Todo es parte del mismo misterio: el misterio de nuestra existencia humana.

Cada contacto entre personas: físico, verbal, visual o simplemente gesticular puede ser un acercamiento a nuestra más profunda realidad existencial: ese famoso "para qué" de nuestra vida. Con cada encuentro personal me acerco a la razón de ser de mi propio ser: el otro.

Una mirada, una sonrisa, una palabra, un simple gesto, puede cambiar una vida. Puede ser la razón de ser de mi vida. Podremos tener una misión global para toda nuestra existencia, pero cada día, contiene su misión: está oculta en cada encuentro. ¿La cumplí hoy?

Ésto es lo que aprendí hoy... ahora si YA ME PUEDO IR A DORMIR.

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