Pareciera que siempre están ahí, listas para apoyar en cualquier tipo de contingencia. En expectante silencio observando, cuidando y educando, siempre educando. Pareciera que su única labor es ESTAR. Y así es, pero estar en casa, en la escuela, en el super, en el banco, en la plaza, en la fiesta, en el parque, en la calle, en el coche, en el viaje, en todo lugar... y en todos al mismo tiempo.
Mientras su cuerpo espera en la fila del banco, su pensamiento pasea en el salón de clases de uno de sus hijos. Mientras atenta saca las cuentas del super, mastica en su mente un problema que le compartió otro de sus hijos. Parece que nunca descansan. Parece que nunca se olvidan. Parece que solo aman.
En esta semana en que he realizado algunas tareas de "mamá", he podido valorar estas actividades diarias, algunas difíciles y otras cansadas; unas tediosas y otras aburridas, definitivamente diseñadas para un ser dedicado a amar y completamente olvidado de si. ¡Cuánto me falta! Gracias Dios por ésta custodia; gracias mamá por tanto amar.
Muchas lecciones me ha dado mamá, pero ésta es la de hoy... ahora si YA ME PUEDO IR A DORMIR.
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