En todos mis años de estudio no he tenido ni una sola semana, ni una sola, en la que no haya recibido una visita suya. Siempre me tiene pendiente y se presenta invariablemente retadora. Siempre hay en ella algo diferente: un nuevo look, un nuevo atuendo, una nueva dificultad que me motiva a superar. Ésa es la verdadera amistad. No solo por que siempre está, sino porque además de estar siempre te incita a más. Una verdadera amistad, nunca se puede conformar.
Con frecuencia nos dejamos llevar por malos modelos de amistad: el alcahuete, el que te acompaña en el vicio, el que te incita a "aventuras nuevas", el que te permite flojear. Pero el verdadero amigo, no puede ser así. El amigo de verdad siempre está presente no para acompañarte en la caída, sino para subir a tu lado por la empinada cumbre de la vida. Algunas veces caerás al lodo, es verdad, pero no se dará el lujo de revolcarse junto a ti, por el contrario te levanta, te limpia, te cura y te motiva a seguir subiendo por el camino.
Un buen amigo no solamente está, ese es un compañero. El amigo no solo te acompaña; también te sigue cerca, te aconseja, se preocupa y verdaderamente se involucra en tu enriquecimiento personal. Ésta es la tarea de una verdadera amistad.
Ésta es la lección del día, ahora sí YA ME PUEDO IR A DORMIR...
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